“El otro día descubrí que tengo la capacidad de demoler edificios con sólo desearlo. Era viernes, creo, y llevaba dos cervezas, cuatro vinos y tres pacharanes con los de la oficina, en Casa Paco´s, como celebración de mi ascenso a segundo administrativo adjunto. De tapas nos pusieron croquetas, calamares y panchitos, por ese orden. La verdad es que había sido un día de mierda (…) Así que, ya a punto de llegar a la parada de autobús, miré fijamente un edificio de correos y lo volé en pedazos. Yo fui el primer sorprendido cuando el primer temblor me tiró al suelo y desde allí, recogiendo mi mochila y mi nuevo iPOD, vi a trescientos carteros correr al unísono como si de una maratón se tratara.”
Así empieza el relato corto con el que mi amigo José Luis ha ganado un concurso de microrelato organizado por las Bibliotecas Municipales de Madrid. Creo que en la web oficial aún siguen los ganadores del año pasado, así que mientras tanto comparto aquí El inocente Bulldozer.
Todo el mundo ha hablado del puto robot gigante que han levantado en Tokio, pero no he visto esta foto por ningún lado. Como dijo Egon Spengler, su belleza anula mi capacidad racionalizadora.
Esto es CIENCIA.
(via plastuno)