La afición a la coca crece a medida que te acercas a Nueva York. Una vez allí, el consumo se homogeneiza (está claro que tienen de todo). En ausencia de farla, la gente se tira a las anfetas: California es prácticamente una fase del Pacman. Y los civilizados habitantes de Nueva Inglaterra compran más fármacos de los que deben en una tierra que ya desde Lovecraft se adivinaba sombría.
Me falta el alcohol para hacerme un mapa psicoactivo completo, pero el gráfico es absolutamente cojonudo.