Mátalos Lentamente
Fuimos al cine a ver Killing Them Softly porque todo parecía encajar: las críticas, los actores, el currículum del director y la sinopsis. Después de salir del cine me pregunto si tras la pantalla ocurrió lo mismo y cada una de las partes involucradas dio por sentado que los ingredientes eran tan buenos que se podían cocinar sin receta.
No abordaré esta crítica pidiendo acción a una peli de gángsters. (Aquellos que repudiaron Drive por lenta agradecerán que lo mencione. A mí no me molesta especialmente.) Killing Them Softly tiene poca, pero la descarga en momentos clave y de manera eficiente. Tampoco tiene un argumento complejo ni yo se lo exijo: se puede hacer mucho con poco. Lo que verdaderamente importa es que me cuenten algo que jamás ocurrió, pero que es lo suficientemente especial para que un tío se molestara en escribirlo y unos cuantos cientos de personas en rodarlo.
Que la película es técnicamente impecable admite poca discusión. No se trata de espectacularidad, sino de mimo: dale a este tío una cámara y la luz correcta y convertirá un perro meando en un delirio visual digno de inundar todos los Tumblrs del mundo. Hasta cuando abusa de la cámara hiperlenta resulta cautivador, y eso en 2012 es decir algo. Aun así, muy temprano en el metraje, el espectador es sometido a secuencias que lejos de ser vehículos que hagan avanzar la historia, parecen excusas para meter virguerías visuales con calzador. A mí (como a todos) ya me han engañado demasiadas veces con el truco de las lucecitas y me da por pensar que me quieren ocultar algo.
Uno de los puntos fuertes de esta película es el reparto. Tienes a Brad Pitt, a Ray Liotta, tienes a un montón de secundarios brillantes, a James Gandolfini. Gente que levanta personajes arrebatadores sin que apenas tenga que mediar el verbo. Gente que desfila por la pantalla y consigue que tu cerebro se ponga el piloto automático: quieres saber más de ellos, acompañarles y quedarte a vivir en su mundo. Era casi imposible cagarla.
Casi.
Y aquí viene la segunda cortina de humo: la chapa. En una película que establece un ritmo ágil desde el primer minuto no puedes dedicarte, con la mayor autocomplacencia del mundo, a crear limbos de cháchara insustancial donde nadie cuenta nada que verdaderamente importe. A Tarantino se le da bien, es el hijo pródigo del small talk y la cultura pop; Andrew Dominik no. Da la sensación de que que el tío estaba tan empalmado con a esos actorazos ahí que dejó de preocuparle qué decían o hacia dónde iban. Ingredientes sin receta. Y aquí empieza a quedar claro que, efectivamente, algo está podrido en Dinamarca.
Ese algo es una historia sin conflicto.
Si “Killing Them Softly” fuera un juego sería un pinball sin enchufar: lanzas la pelota, traza una curva y acaba colándose por el agujero sin mayor dificultad. En la era de Lost y The Wire y Stieg Larsson y Harry Potter, donde hasta el cine familiar de Pixar hace tirabuzones en la estratosfera del dinamismo narrativo, resulta difícil concebir que alguien escriba un guión completamente lineal, sin el menor asomo de conflicto. Nada queda oculto al espectador. No hay ases en la manga. Ningún giro perturba el rumbo inevitable que todos los personajes recorren con parsimonia desde que su existencia y propósito quedan establecidos en el primer cuarto de hora. La sorpresa es que no hay sorpresas, salvo la súbita aparición de unos créditos que son como una bofetada en la cara. Has visto una película de 90 minutos que podría ser un corto de 30. Has pagado 10€ por asistir a un ejercicio de estilo, una anécdota. En resumen, una puta decepción.
He oído hablar del supuesto subtexto socioeconómico que contiene esta peli. No sé qué decir. Creo que la gente encuentra subtextos allá donde los busca. A lo largo del metraje caen por aquí y por allá fragmentos de oratoria de Obama y Bush al comienzo de la crisis. ¿Tiene eso valor como discurso? ¿Se ha construido algún mensaje complementario digno de llevártelo a casa? ¿Se convierte un tema de Mecano en una reflexión sobre el Holocausto si metes un sample de Hitler? Que cada cual lo procese como pueda: a mí me parece una capa más de ruido donde debería haber señal.
Cuidado: también tiene cosas cosas buenas. El reparto funciona como un reloj y ni un sólo personaje flojea. La ambientación es densa y pegajosa, digna del mejor cine negro. Hay fragmentos de los que el Scorsese de Malas Calles estaría orgulloso pero no cae en lo derivativo: es cine de género, pero no se acerca ni por asomo a ser una peli genérica. Entenderé a quien le guste. Yo iba predispuesto a ello. Últimamente elijo con mucho cuidado dónde invierto el presupuesto cultural, y tenía la sensación de estar perdiéndome algo grande. Para mí no ha habido suerte.
Así que, Rotten Tomatoes: esta no te la perdono.
